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Cuando hace apenas un mes Sophia afirmó que creía merecer el derecho a formar una familia, los peores temores de muchos apocalípticos se dispararon. Para los más exagerados, esta frase -pronunciada durante una entrevista- era el equivalente a que una Thermomix hubiese confesado su deseo de ser madre. Esto es así porque Sophia no es un ser humano, sino un robot muy especial construido a imagen de la actriz Audrey Hepburn y con capacidad para mantener conversaciones gracias a su inteligencia artificial. Poco antes de estas declaraciones, esta obra de Hanson Robotics (que pasa por ser la compañía responsable de crear los robots más realistas del mundo) ya había ocupado un importante espacio en los medios de comunicación, al convertirse en el primer robot de la historia en obtener la ciudadanía de un país, en concreto de Arabia Saudí, donde Sophia participaba en un evento científico. Una anécdota -la de otorgar categoría de ciudadana a una máquina- que levantó no pocas críticas, teniendo en cuenta que el reino saudí no se caracteriza precisamente por el respeto a los derechos humanos.

Controversias aparte, la capacidad de Sophia para mantener conversaciones y la géstica de su rostro mientras habla (y que pudimos comprobar entrevistándola en el Web Summit) nos hacen imaginar un futuro muy cercano a lo que hemos visto en algunas películas: “Hasta hace unos años, cuando le decía a la gente que quería construir ordenadores que pensaran como humanos, casi todo el mundo creía que estaba completamente l**o, que leía demasiada ciencia ficción”, asegura Ben Goerztel, director de tecnología de Hanson Robotic y especialista en inteligencia artificial. A pesar de lo sorprendente que resulta Sophia -y de la desconfianza que despierta en los más escépticos- Goerztel cree que no tenemos nada que temer y que no asistiremos en el futuro a un extreminio de nuestra especie a manos de máquinas furiosas: “En Terminator hay muchas cosas que son ridículas, como hombres cachas desnudos que viajan atrás en el tiempo”. Su ironía viene a cuento porque voces como la de Elon Musk o Stephen Hawking han alertado del peligro de crear inteligencias artificiales demasiado inteligentes. Pero en Hanson Robotics no están de acuerdo con este punto de vista. Según ellos es imposible que los robots nos esclavicen, más bien al contrario declaran que el objetivo de su compañía es “crear un futuro mejor para la humanidad” a través de inteligencias artificiales que desarrollen empatía, amabilidad y relaciones verdaderamente simbióticas con los humanos. Robots que nos acompañen, ayuden, complementen y, en última instancia, nos sirvan para resolver los “grandes problemas que deberemos afrontar en el futuro”.

De momento, Sophia, pese a que de vez en cuando alguna de sus declaraciones resulte inquietante, tiene bien aprendida la lección que le han enseñado sus programadores. Cuando se le pregunta qué espera del futuro, sonríe y asegura “Básicamente mi idea es que todos seamos amigos”. Que su concepto de amistad sea el mismo que el nuestro o una oferta que es mejor no rechazar es algo que tendremos que descubrir (y tal vez enfrentar) dentro de pocos años.

Entrevista y edición:  Azahara Mígel | David Castañón
Texto: José L. Álvarez Cedena

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